Después de tragarme los 13 capítulos de los que consta Joshiraku, aún no tengo claro porqué lo he hecho. Y, a juzgar por la cantidad de meta-mensajes que dejaron los guionistas, creo que ellos tampoco.

Estamos hablando de una comedia compuesta en un 50% por juegos de palabras (que evidentemente solo tienen sentido en japonés), en un 25 % por referencias a la cultura popular, incluídos antiguos relatos y canciones para niños, y en un 20% por referencias a la actualidad, desde políticos hasta famosillos de la prensa rosa.

Con esa composición, no debería haber aguantado mas de un capítulo. Específicamente, tendría que haberme apeado de la serie en el momento en el que las cinco protagonistas gritan a China y Rusia que devuelvan a Japón el territorio perdido en la Segunda Guerra Mundial. Pocas veces me he sentido tan incómodo viendo un anime como en esa ocasión, y eso es decir mucho.

Y sin embargo he seguido religiosamente las ¿desventuras? de estas cinco chicas practicantes de rakugo, una especie de mezcla entre el Club de la comedia y teatro japonés, que sin embargo no tiene porqué ser humorístico. Y lo he hecho por pura curiosidad. Es ese otro 5% misterioso de Joshiraku el que me ha mantenido enganchado. Tal vez sea el componente de Cute girls doing cute things, que acaba actuando de cemento entre las distintas partes que componen este anime. Tal vez sea el encanto de ver una serie tan profundamente japonesa, tan poco comprometida. Tal vez sea la rotura constante de la cuarta pared.

Todos los capítulos parten de la misma base: las cinco chicas empiezan una conversación que acaba descarriándose y tratando de temas a cada cual mas estúpido que el anterior. Entre medias, hay una visita a algún barrio, que suele implicar hablar de trenes y comida. Con un poco de suerte, pillarás uno o dos chistes. Y vuelta a empezar.

Joshiraku no es una serie recomendable para nadie que no haya vivido en Japón desde que nació, pero precisamente ahí es donde radica su encanto.

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X-Men #38

Conozco esa mirada, Matt

Entre todo el catastrofismo/optimismo/nada-volverá-a-ser-lo-mismo que ha traído el último evento marvel a las series mutantes, es refrescante leer este team-up entre Domino y Daredevil. No es que esté especialmente bien escrito, y el arte es correcto pero se echan en falta los trazos de David Lopez de los anteriores capítulos. Lo que tiene a su favor es que es tremendamente honesto. Son dos héroes luchando juntos contra los malos, solo les ha faltado pegarse hostias nada mas verse para cumplir todos los clichés (cosa que no descarto en la conclusión en el próximo número).

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